EL LABERINTO QUE HABITAS.

Un día naces, llegas a este mundo y la mayoría de veces, todos se alegran. Tus padres han pasado tiempo preparando todo para tu llegada pero, hay algo que no sabes. Alguien decidió acabar con la naturaleza, si arrasarla y tras la destrucción masiva construir cientos de pisos de ladrillo y cemento, también echar algo llamado asfalto por todas partes, para crear algo llamado carreteras por donde circulan vehículos que queman carburante, contaminando el aire. Lo llaman ciudad y algunas megalópolis llenas de edificios altísimos como muestra de poder. La destrucción es total.

Te ves obligado a vivir en una de ellas, para conseguir trabajo, una serie de tareas para conseguir algo de dinero, hay billetes que son de papel extraído de un árbol el cual imprimen con un número y le dan un valor que en realidad no tiene y te obligan a conseguirlo para poder pagar los ladrillos, la comida, el agua y todo lo que se supone que necesitas para vivir y no perecer en la calle. Pagar, pagar y pagar, por absolutamente todo.

A todo el mundo le parece normal. Nadie cuestiona el sistema económico monetario.

Destruyen tu hábitat (La Naturaleza) construyen y te obligan a pagar por todo lo que la naturaleza te ofrece de forma gratuita. Yo lo llamo el Laberinto. 

Un laberinto sin salida, en el que te verás atrapado toda tu vida. Nadie escapa a el.

Te venderán de todo, que pagarás con tu tiempo, horas y horas de trabajo. Compraras cosas que ni sabias que necesitabas, porque en realidad no las necesitas, te harán sentirte como todo un señor por comprar lo más caro, con más y más tiempo, hasta que pases toda tu vida explotado a cambio de nada, y ya serás demasiado viejo para disfrutar de tu familia y amigos.

Has caído, has vendido tu tiempo, no has protestado para cambiar nada. Pero tu no lo sabías, porque ya naciste dentro del laberinto, nadie te dio otra opción, una alternativa, no sabias que vivías dentro de el. 

Cuando lo supiste ya eras adicto a ese lugar, a las compras que te metieron hasta en la sopa, eras adicto al paracetamol y al ibuprofeno, al colchón más cómodo del mercado, al aire acondicionado, a la comida rápida. Sobre todo al sofá y la tele. No es que no, puedas escapar, es que ya no quieres irte, se está tan bien en el laberinto...


Te creíste libre por poder pagar todo con "tu dinero" y pasaste toda tu vida encerrado dando vueltas dentro de el... ¿ o todavía estás a tiempo de huir?




Lluís Borbalás Cruz

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